Habíamos caminado demasiado bajo la inmisericorde ráfaga de luz solar, eso buscaba. Escapar lejos, eso buscaba ella, escapar lejos. Éramos sólo un pretexto el uno del otro para escaparnos de nosotros mismos, un par de niños apenas rebasando la adolescencia intentando escapar de la realidad que si bien sonaba cruda, a la distancia parece un chiste.
Un camino de tierra en mitad del paisaje semi desértico, algunos árboles bajos y secos, dos maletas llenas de agua, una caja de carlos V, un kilo de plátano desidratado y apenas un par de mudas de ropa, en los hombros de un par de seres que cargaban mil otras cosas más pesadas y menos necesarias.
La platica es amena, yo pensaba que la amaba y ella pensaba que yo pensaba que la amaba.
- ¿Mal pedo lo de Bosnia, no?
- ¿Bosnia?
- Bosnia, hay guerra en Bosnia…
- ¿Bosnia?
- ¿Qué no ves la tele?
- Risas de su parte.
Aunque pocas risas a pesar de que nos daba mucho gusto estar juntos en la aventura sin fin, era como suicidarse en pareja.
- ¿Porqué te rapaste wey?, me encantaba tu mata –
- No lo sé. Creo que por eso.
- ¿Cómo por eso?
- Si, por eso… Por que te encantaba, a muchos les encantaba, mamá casi llora… y eso quería. Dejar de darles gusto, desagradarles.
- ¿Lo lograste?
- Ya no importa.
Y en verdad no importaba, existía una complicidad suicida que sin mencionarse era más evidente que el hecho de que al caminar más los trozos de árboles desaparecían y el “camino” también.
Años después al ver una película entendí lo que pasó entonces.
En la película un tipo que aparece en el desierto tiene una sola línea.
--- Si te sales del camino, no te pierdes… Pero tampoco encuentras ---
No hay que saber que buscas algo para encontrarlo. Pero una vez que lo encuentras descubres que siempre lo buscaste.
Salimos cuando apenas el sol se asomaba, ya está sobre nosotros, debe ser la una de la tarde, el sol está más fuerte que nada y ya no puedo caminar más.
Ok, si puedo, pero no quiero ¿ok?
Acampemos aquí.
Aquí donde… ¡Nmames! ¡Es peyote!
Por todos lados, “hay bolitas” entre la tierra por todos lados.
Que bueno que no le hicimos caso al indígena, seguro nos iba a tranzar y luego quien sabe qué cosa, digo, ella no es fea y pues yo en peyote no sé que tan peligroso parezca. Estos indios seguro me dejan macheteado y servido para los buitres. Hicimos bien en batearlos.
¿Te das cuenta? Caminamos tanto que no hay punto de referencia, ¡Ya ni se ve el cerro del quemado!
Parado sobre un pie doy una vuelta de 360º y sólo hay una línea.
Lo más alto es el trozo de árbol que encontramos como campamento, y no mide ni 2 metros.
“estoy perdido entre las misas de María…” canto mientras bailo grito A webo aquí acampamos, ella sólo se ríe. En ese momento creía que siempre se reía de mi. Meses después supe que se reía porque yo era su mejor compañía y su risa era honesta.
…en un negro cósmico…!
Ya es de noche. Y es chistoso que esa canción que cantaba tenía otras líneas alusivas.
¿Qué voy a hacer si el presente distorsiona mi razón? Pero no lo sabía aún.
- Siéntate, vamos a meditar.
- ¿Meditar? Ves cómo irte a provincia te volvió una hippie? Saca los yoyos!!!
- Wey respeta, meditar es lo mejor debemos entrar en cierta predisposición.
- Ok, siempre sonaste más letrada que yo… aunque ¿Neta no sabes lo que pasa en Bosnia?
Hubiéramos traído una gabacha.
< No, no había iPods, y no, no tengo 50 años, fue apenas en 1994 >
No sé cómo meditar pero le daré el avión, raro, no pienso siquiera en propasarme con ella, ¿me habrá dejado de gustar? ¿Estoy pensando pendejadas? ¿Estoy… estoy hablando en voz alta?
Risas.
- Tu todavía me gustas wey, no hay pedo.
- Bueno, dame otro, saben del nabo es como masticar una llanta,
además tienen tierra y… y no me están haciendo efecto. Mierda. Otro.
Ella en posición de loto, o al menos creo así se llama, se bloquea, yo me paro prendo un cigarro mientras pienso que todo es una mamada y aún en el medio de la nada se burlan todos de mi.
“Serán los dioses ocultos o serás tu… ”
Traigo a Caifanes bien puesto en el seso, y tanto peyote y caminar… tengo sueño. Mucho sueño.
Y aquí empieza.
Abro los ojos, suelto una bocanada de aire, de mi hocico… si, mi hocico… peludo, siento la tierra en mis bigotes, mi cabeza está sobre mis patas delanteras. Si, dije patas delanteras.
Me siento libre, tan libre que… chingue su madre, corro como el demonio, cuatro patas son mucho más veloces, por momentos siento como si flotara al correr, mis saltos son impresionantes, y al caer a la tierra árida siento como mi cuerpo entero cubierto de pelo se arquea, mientras sólo quiero correr, correr, correr, hasta que mi lengua se sale de mi hocico y jadeando cuelga por el, no puedo dejar de correr, no puedo… Si puedo. Veo la luna. Ahora quiero…
Quiero… aullar. Y lo hago, lo hago por horas, desgarro mi estómago, se aulla por el estómago no la garganta, lo sé. Quiero aullar mucho más, siento que se escapa el demonio en cada aullido, siento que al haber corrido tanto dejé atrás al mundo y ahora puedo aullarle a la luna, mentarle su madre en su idioma, ahora ella me entiende.
Mi cabeza me duele, mi estómago no tiene más aire, paz. No siento más que paz y me caigo en la arena fría… y me duermo.
Despierto por un graznido, ¡un pajarraco con las alas abiertas me da de vueltas brincando! Mierda!!!!! Le grito y corro de nuevo pero ahora con miedo.
¡Estoy desnudo!
¡Puta madre! ¡Puta madre! ¡Puta madre! ¡Puta madre! ¡Puta madre! ¡Puta madre!
Wey ahí está ella, tampoco tiene ropa y está tirada en la arena, nunca he tenido tanto miedo. La cargo y la meto arrastrando a la tienda de campaña.
Tengo tanto miedo.
¿Estará muerta?
Wey ¿qué pedo?
¿Estaré muerto?